El VICIO y el SEXO en Pompeya: Los esclavos COMO JUGUETES DE PAREJA

By 2 septiembre, 2016 Edad Antigua No Comments
POMPEYA-SEXO
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Durante 1.700 años, Pompeya permaneció enterrada entre los escombros de una de las mayores catástrofes de la Historia Antigua que se recuerdan. Desde entonces, cientos de investigaciones han intentado discernir cada detalle de lo que ocurrió en una de las ciudades más importantes de la Antigua Roma. Sin embargo, pocas veces se ha formulado una pregunta que parece obvia: ¿Cómo era la vida de los habitantes de Pompeya antes del desastre?

El documental Pompeya: La vida antes de la muerte, producido por la BBC, responde a esta pregunta a través de los restos humanos y culturales encontrados en los vestigios de la ciudad. “ Es una oportunidad única para revelar sus vidas antes de la erupción del Vesubio”, explica la profesora Mary Beard, directora del documental y profesora de la Universidad de Cambridge.

Los investigadores encontraron un mural donde una pareja tenía sexo con un esclavo en el fondo

El primer punto de atención del documental se pone en los esclavos. Esta figura, en ocasiones pasada por alto, se refleja en los restos de lo que alguna vez fue Pompeya. Los investigadores encontraron un mural en el que una pareja mantenía relaciones sexuales mientras un esclavo, situado al fondo, realizaba tareas domésticas.

Es un gran ejemplo que nos muestra que los esclavos eran invisibles”, comenta Beard. “El cuadro muestra que ellos no eran tomados en cuenta. Además, nos muestra la diferencia entre nuestro pensamiento actual y el de la Edad Antigua. Ahora muy pocos harían el amor, sin más, delante de otra persona”.

Centrados en la figura menos tomada en cuenta de Pompeya, el documental también aprovecha la tecnología actual para analizar las ruinas de la ciudad.

Por primera vez se hace una réplica en 3D de Pompeya

“Gracias a ello hemos analizado una zona que estamos 99% seguros de que albergaba cuartos de esclavos. Eran lugares oscuros y sin ventanas. Un largo pasillo con habitaciones muy pequeñas. Unos tres, cuatro o cinco dormirían juntos, en espacios muy pequeños”, añade Beard.

Además, por primera vez han realizado una réplica en 3D que muestra cómo fue cada rincón de la ciudad “desenterrada” en 1748.

Pompeya: La vida antes de la muerte intenta hacer justicia a un lugar del que queda mucho por descubrir. Un lugar del que se ha dicho mucho por el morbo de la tragedia, pero cuyo pasado no se había analizado en profundidad.

Sea como fuere, tal y como demuestra el libro de Mary Beard«Pompeya. Historia y leyenda de una ciudad romana» (Crítica), la mujer era mucho más visible en Roma (compraba, cenaba con hombres, disponía de su fortuna) que en otras civilizaciones. Pero era un mundo de hombres en el que el estatus, el poder y la buena suerte se expresaban a través del miembro viril. Por eso hay falos dibujados, esculpidos y tallados sobre los dinteles, en los hornos de pan, tallados en la calzada, y miembros con campanillas que sonaban al abrirse la puerta o agitarse el viento. Incluso penes con alas. Este último icono, el ave pene es, para Mary Beard, mezcla de chiste y de celebración impúdica.

La mujer era visible y sostenía, como ciudadana, la administración de la casa y la crianza de los hijos. Pero no controlaba su vida ni su sexualidad, máxime si era esclava. Lafidelidad a la esposa no era muy apreciada por los romanos, ni siquiera era ejemplar, una virtud digna de admiración. Aunque el acoso sexual a los hijos y mujeres de miembros de la clase alta sí estaba mal vista, la tensión sexual a menudo se liberaba gracias a la disponibilidad de esclavas y esclavos que los miembros eminentes de la sociedad mantenían accesible. Los pobres, eso sí, que no podían permitirse la sumisión de sus esclavos, recurrían a la prostitución.

La fidelidad poco valorada

A cambio de esa falta de valoración de la fidelidad, había pocos ciudadanos romanos de la época que no sintieran cierta angustia ante la cuestión de la comprobada paternidad de sus propios hijos. Lo que resultaba aberrante, incluso podía destruir una carrera política, era la mera extensión del rumor sobre la participación de un varón en el papel pasivo de una relación homosexual. No era poco frecuente la relación entre varones, pero solo resultaba reprobable quien«cambiaba de rol» en aquella sociedad que comenzó a llamar virtud a una cualidad pública cuya etimología procede de vir (raíz de viril).

Hay muchos detalles interesantes sobre la imagen de los sexos. Para empezar, loshombres que se prostituían eran considerados mujeres en la lógica romana. Lasprostitutas debían llevar toga viril para diferenciarse de las mujeres respetables. Sin embargo muchas eran forzadas por rufianes a desempeñar el llamado oficio más antiguo del mundo. Incluso el teatro ha dejado constancia, como recuerda Mary Beard, de los peligros del amor con meretrices. Ningún padre podía soportar la idea del matrimonio de su hijo con una ramera, pero las comedias están llenas de casos en los que, al final, ese amor triunfaba porque se llegaba a descubrir la honrada, si no noble, cuna de la pobre muchacha explotada y salvada por el afecto de un ciudadano sensible.

Frontera desdibujada

Detrás de estos alardes sentimentales se esconde un matiz revelador: no era tan claro el meridiano que separaba la respetabilidad y la prostitución. Pero también es cierto que se vislumbra la existencia de afecto incluso en las relaciones de explotación. En el cadáver de una mujer hallado entre las ruinas se encontró una pulsera de oro muy costosa, con la inscripción «Del amo para su esclava»

Volviendo a las pintadas, no se limitan a los muros del Lupanar. Tabernas, tiendas y soluciones habitacionales con acceso directo a la calle eran escenarios habituales del comercio sexual que ha dejado registro arqueológico. Muchas habitaciones, incluso en casas respetables, albergaban pinturas de motivo erótico, como la Casa de los Vetios. Pero, a veces, en la fachada hay un grafito que ofrecía los servicios de Eutíquide por dos ases (precio más que popular).

Las pintadas del Lupanar

En el célebre Lupanar, las pintadas con más explícitas y se concentran en los primeros cubículos, que serían empleados como salitas de espera para los clientes. «Aquí f… yo». Pero había de todo. Un cliente puso en el Lupanar una cita de Virgilio. Muchos están firmados con el nombre, lo cual indica que no había problema social por reconocer esa actividad. Otro puso incluso su profesión, «vendedor de ungüentos». Y hablan de dinero, mucho más que los dos ases de Eutíquide: un hombre consigna que ha «echado un buen polvo por un denario», que equivale a 16 ases. Los dos ases parecen más un insulto que otra cosa. Pero el Lupanar era un lugar bastante siniestro.

Nos hemos dejado engañar, en opinión de Mary Beard, por los intentos de los romanos de hacernos creer que todo estaba muy establecido y diferenciado. La verdad es quelas prostitutas eran de muy diversa condición: camareras, taberneras, floristas, porqueras y tejedoras, y en ocaciones el coito con los clientes podía considerarse parte del trato o del negocio que regentaban o en el que estaban empleadas. El sexo a cambio de dinero estaba tan repartido como la comida, la bebida o la vivienda, concluye la estudiosa en el fascinante libro publicado por Crítica. Y este es solo uno de sus capítulos. En él se puede entrar de lleno en todos los aspectos de la vida pompeyana.

Fuente: http://www.abc.es/cultura/libros/20140411/abci-pompeya-ciudad-comercio-sexual-201404101734.html

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