Mao Zedong. El mayor GENOCIDA del SXX. 70 millones de personas y en china ES UN HÉROE

By 28 julio, 2016 Contemporanea No Comments
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Superó a Stalin, a Hitler, a Pol Pot. Y, sin embargo, sigue siendo objeto de culto en China y en Occidente sirve, cuando menos, como elemento decorativo

Mao Zedong

Mao Zedong fue responsable de la muerte de más de 70 millones de personas en tiempos de paz, más que ningún otro líder del siglo XX. Primera frase de la última biografía sobre Mao: la historia desconocida (Jung Chang y Jon Halliday, 2005).

No importa lo mucho que haya cambiado China en el último cuarto de siglo, con los rascacielos erigiéndose imponentes en el paisaje de Shanghai y los nuevos ricos estrenando mansiones en las afueras de Beijing, los años no han pasado por él. Es difícil recorrer un pueblo, una ciudad o una pequeña aldea sin encontrarse con algún retrato suyo. Su figura sigue presidiendo la Puerta de Tiananmen en Beijing. El pequeño «Libro rojo» en el que plasmó sus teorías se vende en mercados y tiendas de recuerdos y su imagen paternal adorna los billetes de 100 yuanes. El viejo Chung, en su pequeño taller de las afueras de la ciudad de Kunming, al oeste del país, continúa esculpiendo bustos con su imagen como si esperara que fuera a presentarse en cualquier momento para dar el visto bueno a su trabajo. «Mao, nuestro Sol», dice Chung afanado en sus esculturas. «Nunca habrá otro como él».

Sí, China sigue queriendo a Mao Zedong (1893-1976).

Y es precisamente esa pasión por el líder chino, y lo contradictorio entre ese sentimiento y la cita que encabeza este artículo, lo que mantiene vigente la fascinación por uno de los grandes personajes de la Historia. Mao sigue siendo un ídolo en China, inspirador de guerrillas como la que estos días hunde a Nepal en el caos y el dictador Oso de Peluche que adorna muchas estanterías de Occidente. Los puestos del mercadillo de Cat Street, en Hong Kong, viven casi exclusivamente de los turistas extranjeros que compran estatuas, chapas, gorras o relojes con la imagen del Gran Timonel.

¿Cómo ha logrado el hombre cuya última biografía dice que provocó más muertes que Hitler (22 millones entre 1933 y 1945), Stalin (21,5 millones entre 1929 y 1953) o Pol Pot (de uno a dos millones entre 1975 y 1979), sobrevivir a su propia historia hasta convertirse en un ídolo? ¿Por qué el pueblo chino, el que más sufrió su megalomanía y ambición desmedida, lo sigue venerando como a un héroe?

La escritora china Jung Chang y su marido, el historiador británico Jon Halliday, emprendieron hace una década una investigación encaminada a desmontar, una a una, «las fábulas» que han hecho grande al dictador chino. El resultado, las 800 páginas de Mao: la historia desconocida, es un demoledor trabajo que acaba de ser publicado en el mercado anglosajón y que, como era de esperar, no podrá ser leído en China.

Los ciudadanos chinos son sistemáticamente «protegidos» por los herederos políticos de Mao de versiones sobre su vida que chocan con la que el régimen comunista ofrece a su pueblo desde la guardería.«Es ese lavado de cerebro el que impide que conozcan la verdad», asegura Chang.

La escritora afincada en el Reino Unido es conocida de sobra por los líderes chinos por haber descrito al detalle la forma en la que su familia (tres generaciones de mujeres) vieron sus vidas devastadas por las políticas de Mao en su best-seller Cisnes Salvajes (1991), del que se han vendido 10 millones de copias en 30 lenguas. La forma en la que los padres de la autora fueron denunciados como traidores durante la Revolución Cultural, las torturas sufridas por su padre y su propia odisea con una de las guardias rojas de Mao han llevado a la escritora a dedicar toda su vida a estudiar al personaje y, sobre todo, al hombre.Mao, la historia desconocida es un intento de desnudar una personalidad compleja a través de los relatos de más de 150 personas que conocieron de cerca al líder chino, el descubrimiento de documentos inéditos y sorprendentes testimonios como el de su enfermera personal, que revela que Mao, a pesar de haber dejado una larga lista de citas para la Historia, tuvo una despedida más bien ordinaria en su lecho de muerte. «Llamad a los médicos, me encuentro mal», fueron sus últimas palabras.

Las nuevas investigaciones revelan detalles ya conocidos de Mao, desde su carácter mujeriego a su aprehensión por la higiene, contada previamente por su antiguo doctor personal. Más sorprendentes son datos que demuestran que detrás de sus supuestas políticas erróneas se escondía una mente cruel y calculadora que no sentía ningún aprecio por la vida de sus compatriotas.

Los historiadores coinciden en que el dictador chino provocó durante su disparatada política del Gran Salto Adelante una de las grandes hambrunas de la Historia, en la que murieron entre 23 y 38 millones de personas, según a quién se pregunte. Aquella utopía comunal campesina no habría sido posible sin que Mao hubiera impuesto sus fantasías de grandeza a todo su pueblo a través de la represión. Incluso cuando la gente agonizaba por todo el país, a la vista de quien tuviera ojos, nadie se atrevió a sugerir que las políticas del jefe estaban siendo las responsables de la tragedia o que ésta estuviera teniendo lugar. Al contrario: la prensa, los funcionarios regionales del Partido Comunista y los consejeros de Mao competían entre ellos para exagerar las cifras de producción de grano y acero, haciéndole creer que el país tenía hasta 100 millones de toneladas más de grano en sus reservas y reafirmándole en su idea de que en 15 años China igualaría la producción de acero de Gran Bretaña.

El Sol Rojo no podía estar equivocado y quienes se atrevieron a sugerirlo, incluso si se trataba de héroes nacionales como el Gran General Peng, a quien Mao había dedicado uno de sus poemas, fueron eliminados. Pero la hambruna había sido considerada hasta ahora como eso, un error. Chang y Halliday ofrecen otra versión: gran parte del grano producido durante aquellos años fue exportado a la Unión Soviética a cambio de la tecnología para elaborar la bomba atómica china. Los autores aseguran que Mao sabía que millones de chinos morirían en aquel trueque y citan textualmente la respuesta dada por el Gran Timonel a quienes dentro del Partido temían una catástrofe humanitaria: «La mitad de China puede morirse (si conseguimos la bomba)».

La supervivencia de Mao como mito no puede desligarse del futuro de sus herederos políticos, que hoy mandan en China. El Partido Comunista salvó la imagen del líder tras su muerte, culpando a otros de sus errores y minimizando su responsabilidad en los desastres padecidos por el pueblo. Al fin y al cabo, Mao era el Partido y el mito debía seguir vivo para que sus sucesores siguieran disfrutando de las mieles del poder. Pero los damnificados por las políticas del líder fueron tantos, y la responsabilidad del presidente tan evidente, que el régimen tuvo que buscar una fórmula que no ofendiera del todo a sus víctimas. Fue así como se llegó a la conclusión oficial de que el líder tuvo un 70% de aciertos y un 30% de errores.

MUSEO DEL HORROR

En la ciudad de Shantou, en la provincia sureña de Guangdong, se acaba de inaugurar un museo para recordar uno de esos errores.La Revolución Cultural es, mucho más que la gran hambruna, un episodio de la historia china que ni siquiera los más fervientes seguidores de Mao están dispuestos a ocultar. Varios de los líderes de la China actual sufrieron en sus carnes la persecución durante aquella década que llevó al país a un estado de esquizofrenia nacional. Cerca de 600 placas recuerdan en el museo de Shantou los horrores de aquellos años con imágenes sobre los castigos públicos, la destrucción cultural y la humillación de algunos de los miles de enemigos imaginarios que sufrieron la persecución de Mao en su intento de limpiar el Partido de supuestos elementos contrarrevolucionarios.

Yuan, una profesora de escuela de la provincia de Yunnan, recuerda bien su traslado a un campo de trabajos forzados en 1968 y su apaleamiento público por pertenecer a las clases educadas. Sentada alrededor de sus hijos, en una vieja casa de piedra de la China rural, dice que su admiración por Mao ha permanecido intacta todos estos años a pesar de lo ocurrido. «Nos habían enseñado que era imposible no querer al presidente Mao», dice buscando entre sus sentimientos los motivos de su adoración hacia el guerrillero.«Habríamos dado la vida por Mao mil veces».

Para encontrar un porqué del amor ciego del pueblo chino por el Sol Rojo, más allá de la propaganda oficial, hay que hurgar en lo más profundo de la historia del país. En mitad de políticas surrealistas y delirios de grandeza, Mao logró devolver a China su orgullo, unir el país y sanar las heridas abiertas del Siglo de la Humillación que comenzó a mediados del siglo XIX con la intervención británica, continuó con especial amargura con la ocupación japonesa y terminó cuando Mao entró victorioso en Beijing en 1949 con su promesa de crear la sociedad más igualitaria del mundo. Que China sea hoy la sociedad menos igualitaria del mundo, o una de las menos igualitarias, no puede ser atribuido en exclusiva al Gran Timonel, que difícilmente podría haber hecho más por mantener al pueblo chino en similares condiciones de miseria (cuando murió el país tenía el mismo nivel de desarrollo que Somalia). La cuarta generación de sucesores de Mao decidió mantener su leyenda viva a la vez que huía como de la peste de todas las políticas que aplicó durante sus años en el poder. El comunismo agoniza hoy como ideología en China y el dinero es la nueva religión.El Partido ha sustituido a Marx por el nacionalismo como justificación para permanecer en el poder y Mao, desde el mausoleo de Tiananmen, donde sigue recibiendo los honores de sus compatriotas, es uno de sus motores.

La biografía de Chang y Halliday es especialmente dolorosa para los fans del líder, dentro y fuera de China, porque desmonta su pasado de héroe idealista y sacrificado por su pueblo que siguen describiendo los libros de texto chinos. Los autores afirman, por ejemplo, que Mao hizo una fortuna con los derechos de autor de los libros que publicó mientras se encontraba en el poder y que se convirtieron en guías casi espirituales incluso en la izquierda de los países de Occidente. «Mao fue el único millonario en la China creada por Mao», dice Chang, que describe la vida del líder revolucionario como todo menos modesta.

La Larga Marcha iniciada en 1934 ha sido puesta durante décadas como el ejemplo del heroísmo sin límites de Mao, una odisea histórica que llevó a 80.000 rebeldes comunistas a caminar miles de kilómetros desde la provincia de Jiangxi hasta su refugio en las montañas de Shaanxi, donde lograría reorganizar sus fuerzas y, con el tiempo, ganar la guerra civil china. Apenas 6.000 guerrilleros llegaron al destino final con vida.

El relato de varios de aquellos supervivientes y documentos desenterrados en China y Rusia indican que el jefe de la expedición provocó la mayor parte de las bajas de sus hombres con su incompetencia militar y que él hizo gran parte del trayecto transportado por porteadores mientras leía sus libros favoritos, al más puro estilo imperial. Si sobrevivió la marcha, aseguran sus biógrafos, fue porque pactó su huida con su enemigo, Chiang Kai-shek, a cambio de que Rusia dejara en libertad al hijo del líder nacionalista, detenido entonces en Moscú. Chang y Halliday llegan a afirmar que la más legendaria de las batallas de Mao en la Larga Marcha, el cruce del puente de Dadu entre una lluvia de balas enemigas, jamás tuvo lugar.Mao, según Chang, fue un hombre «sin moral» que se inventó una vida de ficción.

¿Cuál es, pues, el verdadero Mao? ¿El héroe que sigue vivo en la mente de millones de chinos y merece figurar en las estanterías de los turistas occidentales? ¿O el Gengis Khan del siglo XX, un brutal dictador dispuesto a sacrificar millones de vidas para satisfacer sus ambiciones? La nueva biografía difícilmente será la última palabra sobre un personaje que, incluso después de muerto, ha desafiado al tiempo, a la historia y a sus detractores para mantener su sitio en el corazón del pueblo chino.

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