La expedición PERDIDA de John Franklin: muerte por CANIBALISMO

By 28 julio, 2016 Contemporanea No Comments
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Lograr  abrir el Paso del Noroeste fue durante siglos la obsesión de muchos exploradores marinos. A partir de 1817, cuando el gobierno británico ofreció una recompensa de 20.000 libras esterlinas para quien encontrara el paso, el interés por esa ruta aumento notablemente y durante las siguientes décadas se organizaron numerosas expediciones. De ellas, la de Sir John Franklin se hizo tristemente debido a su dramática historia que sonmocionó a la sociedad victoriana.

En 1845 la Royal Navy parecía decidida a encontrar el ansiado Paso del Noroeste. Sir John Franklin, de 59 años, veterano de la batalla de Trafalgar, fue elegido por el Almirantazgo inglés para que dirigiera la expedición. Se trataba de una carismático marino que anteriormente había realizado con gran éxito expediciones en el Ártico. Con este objetivo se organizó una expedición de búsqueda en la que no se escatimó en medios ni hombres.

Sir John Franklin
Grabado incluido en Narrative of a journey to the shores of the Polar Sea (1823)

Al mando del HMS Erebus y HMS Terror, Franklyn y sus hombres partieron de Inglaterra el 19 de mayo de 1845. No se habían escatimado gastos. Los navíos estaban dotados con la tecnología más avanzada del momento. Utilizaban grandes motores de vapor y enormes chapas de hierro que reforzaban la proa, con la finalidad de romper las placas de hielo. Iban bien provistos de alimentos y bebidas, incluso carne enlatada, una novedad de la época.

Apenas dos años después de su partida se pierde todo contacto. Los años pasan y la falta de noticias de Franklin empieza a alarmar a la sociedad inglesa hasta convertirse en indignación. Incluso famosos escritores como Dickens denunciaron el silencio y quietud del gobierno inglés para buscar y rescatar a los marineros desaparecidos. Presionado por la esposa de Franklin y por los familiares de los desaparecidos, el Almirantazgo inició en 1848 la búsqueda de la expedición perdida. Lo cierto es que el Consejo Ártico llegó a ofrecer 20.000 libras de recompensa a quien ofreciera noticias de los aventureros e incluso la propia esposa de Franklin, Lady Jane, pagó de su bolsillo la contratación de un barco para rescatar a su marido o cualquier resto que arrojase luz sobre lo sucedido. A pesar de las misiones de rescate, 37 en total, sólo unas pocas tuvieron cierto éxito.

Reconstrucción de la derrota de la expedición de Franklin.

En 1854 el explorador John Rae, contratado por la Compañía de la Bahía de Hudson, y que realizaba una exploración científica desde la costa ártica de Canadá al sureste de la isla del Rey Guillermo, empezó a indagar entre la población esquimal para conocer qué fue de los británicos. La historia que le contaron los nativos no pudo ser más sorprendente y desalentadora.

Los inuits, únicos pobladores de aquellas tierras, habían abandonado un año antes la zona en la que se encontraba la expedición de Franklin (Isla del Rey Guillermo) debido al temor y las supersticiones propias de su cultura. Afirmaban haber visto 6 años antes unos 40 hombres blancos al noroeste de la Bahía Pelly. El grupo arrastraba un bote y trineos, y su estado era crítico: se encontraban al límite de sus fuerzas y la inanición y la congelación hicieron que algunos fuesen muriendo en el camino. Los Inuit contaron también que los dos barcos fueron atrapados y destrozados por el hielo y que habían visto tumbas y cadáveres esparcidos en distintos lugares. Lo más sorprendente era que, según afirmaron, algunos cuerpos estaban mutilados, lo que parecía indicar que los sobrevivientes practicaron el canibalismo. También proporcionaron a la expedición del Dr. Rae objetos pertenecientes a la tripulación e, incluso, a Sir John Franklin.

Reliquias de la expedición de Franklin de 1845, del Illustrated London News, 1854.

Otras expediciones de rescate, como la de McClintock en 1859, hallaron varios cadáveres y cápsulas de mensajes. En los documentos encontrados se hablaba de la muerte de 24 hombres, incluido Franklin, lo que llevó al Capitán Crozier a asumir el mando. La última nota que se halló decía que al encontrarse atrapados en el hielo, los supervivientes trataron de seguir a pie arrastrando botes y herramientas.

La nota encontrada por McClintock en mayo de 1859 en un montículo de piedras en la bahía Back, en la isla del Rey Guillermo, en la que se detalla el destino de la expedición.

Aunque no hay documentos que narren el final que tuvieron los aventureros, los cadáveres recuperados cuentan la historia de lo ocurrido: Los cuerpos mostraban signos de lucha y violencia, mutilaciones rituales y evidentes muestras decanibalismo. Los cerebros habían sido sorbidos, las vísceras devoradas, los corazones extraídos y las manos cercenadas. Todo ello prueba de que en los últimos momentos la locura hizo mella entre los miembros de la expedición, que acabaron matándose unos a otros para comerse entre ellos.

Cadáver congelado del marinero John Hartnell (Fuente: Beattie y Geiger,1987).

Las autoridades británicas insistieron en el frío y el ataque de los nativos como causa del fracaso de la misión, ya que se negaban a aceptar que los oficiales de la Royal Navy pudieran haber tenido un comportamiento tan atroz.

El cadáver de John Hartnell y los de otros dos marineros de la expedición de Franklin fueron exhumados en 1981 . Su estudio posterior sirvió para esclarecer la causa de su muerte: envenenamiento por plomo (Fuente: Beattie y Geiger,1987).

En 1981, un equipo de científicos dirigido por Owen Beattie -profesor de antropología en la Universidad de Alberta– comenzó una serie de estudios científicos de las tumbas, los cuerpos, y otras pruebas materiales dejadas por los miembros de la tripulación de Franklin en la islas de Beechey y del Rey Guillermo.

Llegaron a la conclusión de que los miembros de la tripulación cuyos cuerpos habían sido enterrados en la isla de Beechey habrían muerto probablemente de neumonía ytuberculosis, aunque también señalaron la posibilidad de que hubiesen fallecido a causa de un envenenamiento por plomo, proveniente de las soldaduras de las latas de conservas.

Cuerpo conservado del marino John Torrington (Fuente: Beattie y Geiger,1987).

En 1993 investigadores de la Universidad de Alberta realizaron análisis forenses de los cadáveres recuperados. Los resultados demostraron que los marineros sufrían, además de la desnutrición y el escorbuto, un severo envenenamiento por plomo. Hoy se sabe que las latas de conserva de las que se alimentaba la tripulación estaban soldadas con dicho metal, lo que pudo matar a muchos de ellos y ser un factor desencadenante de su comportamiento violento y caníbal. Los psiquiatras hablan de un claro caso de “síndrome de la cabaña”.

Otro de los tres cadáveres exhumados: el marinero William Braine (Fuente: Beattie y Geiger,1987).

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