El último GARROTE VIL ¡EN 1974! : PENA de MUERTE a la española.

By 24 julio, 2016 Contemporanea One Comment
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Dos torniquetes justicieros descansan viendo el paso del tiempo en los sótanos donde se encuentran los archivos del edificio de la Audiencia Provincial. Nadie se acuerda de ellos o se quieren olvidar, pero aún no se sabe si se puede dar algún destino a estos dos artilugios del horror. Un pequeño artefacto de hierro de tristes recuerdos, que era capaz de matar apretando lentamente y estrangulando el cuello del condenado de forma agonizante y con sufrimiento. El cuello iba reduciendo su «tamaño» de forma considerable tras el estrangulamiento. Esta forma de ahorcar era un método clásico español del que existen numerosas referencias históricas.

Un par de garrotes descansan en la Audiencia Provincial de Sevilla y uno de ellos fue empleado por un verdugo que vivía en el barrio de Las Candelarias para ejecutar a un reo en la cárcel de Tarragona el día 2 de marzo de 1974. Era la última vez que se daba garrote a un reo en España y quedó para la historia la actuación del verdugo sevillano, conocido como Pepe.

Ese mismo día también se ejecutaba a otra persona muy cerca casi a la misma hora. En la cárcel Modelo de Barcelona se dio garrote al sindicalista Puig Antich. Así lo acordó un Consejo de Guerra.

Pepe, el verdugo

Era la dictadura franquista y ese díaactuó Pepe, el verdugo sevillano, en la prisión tarraconense con uno de los dos garrotes que están en la Audiencia. Ejecutó al ciudadano polaco Heinz Ches condenado por la muerte de un guardia civil tras un enfrentamiento con los agentes cuando intentaba robar en un camping en esta provincia catalana. La ejecución fue a primera hora en la cárcel de Tarragona.

 

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Hace poco se descubriría que Ches, que oficialmente era polaco y huérfano, no era ni lo uno ni lo otro. Se trataba de un ciudadano alemán, Georg Michael Welzel, que tenía madre, hermanos e incluso mujer y tres hijos. El caso dio lugar a una película documental, «La muerte de nadie», dirigida por Joan Dolc, que intentaba revelar el enigma de uno de los grandes misterios de la historia judicial y política de nuestro país.
El día 1 de febrero de 1974, una conducción con varios agentes trasladaron en un coche policial al verdugo desde Sevilla hasta Barcelona para ejecutar su trabajo. En la actualidad aún lo recuerda con estupor José Morillo, el conserje retirado de la Audiencia Provincial que le acompañó hasta la Comisaría de Sevilla antes del viaje. Fue una de las pocas personas que lo conocía físicamente y habló con él alguna vez.

A la vuelta de Barcelona tras dar garrote el verdugo por orden del presidente de la Audiencia Territorial, se encargó José Morillo de guardar los dos artilugios de hierro, el que se usó, que aún venía ensangrentado y con cuerdas y saco empleados para ajustar el anillo al delgado cuello del condenado, y el segundo que se llevaba como reserva.

El conserje recibió hace ahora 30 años los dos garrotes que se guardan desde entonces en los archivos judiciales y jamás han vuelto a salir de las instalaciones de justicia ni por supuesto a emplearse.

A partir de 1975, con al democracia derogó la pena de muerte y el garrote cinco siglos de utilización quedó casi como objeto de museo. Cuando murió Franco en un Código Penal de la época se podía leer: «Los siguientes artículos del Código Penal quedan suprimidos o modificados en estos términos:Se suprime la palabra muerte y las expresiones presidio mayor, presidio menor e interdicción civil».

Pero el garrote como formar de «ajusticiar» se introdujo a comienzos del siglo XIX en el Código Penal de España en el año 1822 -en Granada en 1831 es asesinada a garrote vil Mariana Pineda (liberal progresista-, y durante una década convivió con la «tradicional horca». Fue en 1932 cuando en la legislación de aquella época se suprimió la «soga» al cuello como forma de ejecutar al reo y se suprime la horca quedando el garrote como el «artilugio de la justicia» para dar muerte al condenado. Esta pena capital fue abolida definitivamente por la Constitución de 1978 un siglo y medio después de que se empleara.

El verdugo sevillano parece que sólo actuó una vez: el día 2 de marzo de 1974 y nunca antes. Algunos de los veteranos funcionarios de justicia recuerdan como el verdugo iba cada primero de mes al despacho del Presidente para recoger un sobre con su sueldo.

Su trabajo y vida eran casi un misterio. En la familia del verdugo creían que era representante de libros. El día de la ejecución dijo que tenía un viaje de negocios. Pepe el verdugo, murió poco después de la ejecución llevándose a la tumba parte de su macabro trabajo. Su instrumento de faena fue el garrote, un aro sujeto a un soporte fijo que al girarse quebraba la cervical del reo al que se amarraba sentado y encapuchaba hasta dar muerte.

 

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Tres tipos de garrote

Existían tres tipos a la hora de dar garrote: ordinario, vil y noble. Era en función cada uno del ceremonial «macabro» requerido para el traslado del reo hasta el patíbulo para su ejecución. El noble exigía que el condenado fuera trasladado en caballería y con la cabeza descubierta. En el vil debía hacerse en pollino, el reo iba al revés y con la cabeza cubierta.

 

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El infernal aro de hierro, que se sujetaba contra un poste fijo a la garganta del sentenciado a la pena de muerte, a veces tenía que ser rellenado con unos trapos porque no daba el grosor suficiente y quedaba holgura entre el aro y el cuello. El mecanismo para dar garrote al reo era muy fácil: oprimía por medio de un tornillo de paso de bastante longitud hasta que el ajusticiado moría estrangulado.

 

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Fuente:sevilla.abc.es/hemeroteca/historico-22-08-2004/sevilla/Sevilla/el-ultimo-garrote-vil_9623226738638.html

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